"… llegar a ser Dios quiere decir: haber ensanchado tanto el alma que pueda volver a comprender nuevamente al todo."
En 1927 ocurrieron varios eventos importantes en el mundo, entre ellos la Guerra Cristera en México, la primera emisión de la BBC, la travesía de Lindbergh por el Atlántico (puedes darte una idea de ella en el libro “El Tercer Hombre” de John Geiger); uno de esos eventos importantísimos es la publicación de “El lobo estepario” del escritor suizo-alemán Hermann Hesse.
Me enfrenté a este libro por primera vez a los trece años, entonces no lo entendí bien, de eso estoy seguro, pero lo que si recuerdo es que me atrapó como pocos libros en ese momento, lo releí con veinte años ¡y fue espectacular!
Para Schopenhauer el arte, sobre todo la música, es el único modo de contemplación desinteresada del mundo, es en ese espacio dónde se revela el sentido de la vida, es dónde están las “huellas de Dios en el mundo”, estoy de acuerdo, por muy chillona y desordenada que suena la música de jazz.
Pero no fue así para Nietzsche y Hesse, porque a ellos les tocó vivir el nacimiento del arte de masas, consecuencias directas de una revolución en ciernes; es quizá por eso que Hesse marca una diferencia clara entre la verdadera cultura como aquella que nace de lo más profundo del hombre frente a la cultura basura, la de hojalata, la de úsese y tírese, la cultura hipócrita de hoy día que no es más que mercancía, algo que se compra y se vende. El arte de masas cuya función no es el conocimiento sino ayudar al hombre a “matar el tiempo”, a pasar el rato, a estar entretenido ¿Te suena? Aterradoramente familiar ¿no? ¡Lo que nos espera!
Ser solitario e incomunicado, extraño y extrañado, como Harry Haller, ha acabado convirtiéndose en un arquetipo literario en el que se reconocen quienes padecen los devastadores efectos deshumanizadores de una sociedad insolidaria, el mismo Harry dentro de sí tiene una parte cultural, previsible, racional frente a otra parte animal, salvaje, libre. Ambas partes están en lucha permanente, esta lucha, según Hesse, no lleva a ningún sitio: el triunfo del yo, de la sociedad, de la cultura sobre lo instintivo lleva a una cultura aparentemente ordenada pero que paga sus excesos represores con las carnicerías de la guerra y con las habituales neurosis de los individuos ¿Cuál es la solución? Simple, no simplificarnos a nosotros mismos, no caer en la trampa de hacernos un yo hegemónico represor, mejor admitir una multitud de yoes, una multiplicidad de almas que relegarnos al hastío y hartazgo de una acotada y minúscula visión.
"Un hombre capaz de comprender a Buda, un hombre que tiene noción de los cielos y abismos de la naturaleza humana, no debería vivir en un mundo en el que dominan el common sense, la democracia y la educación burguesa."