¿Qué otra cosa podríamos esperar en una sociedad que durante siglos ha enseñado a sus hijos, niños y niñas, que una deidad MASCULINA creó el universo y todo cuanto contiene, hizo al HOMBRE a su imagen divina y, más tarde, como complemento, creó a la mujer para que ayudara sumisamente al hombre en sus hazañas?