Los estereotipos de género refuerzan el sexismo. Si sólo distinguimos dos clases de mujeres –léase: las hipersexualizadas y las frívolas o tontas de remate–, cuando una mujer se aparta de una de ambas normas se la considera una anomalía, o un monstruo de feria, o una amenaza de algún tipo, como si se tratara de una nueva especie de avispa gigante