Pienso en lo mal orientado de ese miedo: en lo mal que le vienen a la literatura los alambrados y los títulos de propiedad. Que en términos de las condiciones de producción lo importante es que todos y todas escriban, que, efectivamente, como dice Virginia, cualquiera pueda tener su ingreso y su cuarto propio, para que la escritora francesa pueda escribir sobre la Argentina y la escritora africana, si quiere, pueda escribir sobre Marte, sin la presión de tener que andar representando a nada ni a nadie.