El espíritu sufre tres transformaciones: se vuelve camello, luego se convierte en león y por último el león se transforma en niño. El libro primero de Así hablaba Zaratustra se nos abre por las tres transformaciones del espíritu. El camello acepta todo cuanto es pesado, así como el asno orejudo soporta sin entender nada, en virtud de la total aceptación que no discierne los valores negativos. El león se niega pero es una negativa falsa aun cuando se sienta violento y libre, porque no es capaz de crear valores nuevos, aunque todavía pueda «hallarse libre para una nueva creación (zu neuem Schaffen).» Se necesita un sí creador, «que es la más temible conquista para un espíritu paciente y respetuoso.» Entonces, el león se convierte en niño y el niño es inocencia y olvido, un recomenzar, un juego, un sí sagrado: