Yo nunca había visto llorar a mi padre. Hace solo medio minuto yo creía, de hecho, que los padres no lloraban; que lo tenían prohibido, o algo así.
Todo se deshace. Ver a tu padre llorar es como ver la pared maestra de tu casa convirtiéndose en plastilina. Ya no hay fuerza de sostén. El eje está fuera de sitio, y todos los elementos salen volando a su aire, desperdigados, como cuando golpea el huracán.
Al frente. Miro al frente. Miro al