Cuando por fin subió al estrado y se puso detrás del atril, hizo un gesto con la cabeza al intérprete, que estaba de pie a su derecha. Lo había contratado para que le ayudara cuando necesitara dirigirse al pueblo en conjunto, en ocasiones como esa.
Archer comenzó a mover las manos y el intérprete a hablar. Yo tenía los ojos clavados en Archer, observando cómo volaban sus manos, tan elegantes y seguras en sus gestos. Me sentía orgullosa de él.