asunto era delicado, yo no me corté ni un pelo. Oscar Wilde escribió esta frase, tan bonita, tan justa: «Los hijos empiezan queriendo a sus padres; cuando se hacen mayores, los juzgan; y a veces los perdonan». Ocurre lo mismo a la inversa: los padres también salen airosos si, antes de morir, tienen la oportunidad de perdonar a sus hijos.