Si no contempláramos la vida como representación, no la resistiríamos. Es necesario un poco de mentira para imaginarnos que perseguimos un poco de verdad. Las lumbreras que no aceptan esta convención creen que la vida es «real». Se han inventado la noción de lo «real» y no soportan leer novelas. Dicen que es una tontería eso de tener que esperar a la última página para saber cómo acaba la historia.