No hay punk rock ni fiesta de egresados, ni zapatos baratos de taco alto abandonados en la lluvia en un estacionamiento, ni botellas vacías de tinto de verano porque nosotros éramos las botellas vacías, ni tampoco arrojadas contra la pared de detrás de la escuela porque nosotros éramos los vidrios que se hacían pedazos. No mirar más en dirección al oeste, no hay este, norte o sur, solo nosotros acá parados, juntos, preguntándonos los unos a los otros si recordamos algo, qué era lo que amábamos, qué lo que nos amaba, quién fue el primero en gritar nuestros nombres.
MATTHEW DICKMAN