hicimos un juicio racional que probablemente habría terminado en cogerle manía, sino que honramos una parte de su ser, mágica e innegable, que nos tocaba y unía a las dos. Y tal vez, de habernos conocido de otras maneras, nos habríamos cogido manía nosotras, tal vez idealizamos las partes de la otra que aún permanecían en la sombra. Tampoco me importa. Hay una verdad quebrada y tan bella escondida en el fondo de este enigma que fuiste, que eres, que sois. Y aunque luego nos esperara la distancia templada y la cordialidad, lo que atesoro es aquel presente. El presente en el que fuimos casa y catedral, un rincón mullido para los días en que simplemente llueve.