Pocas horas al día para escribir; a veces, ninguna –la fragilidad puede llegar a ser una bendición: pone los límites indispensables para evitar la profusión, el exceso, la dispersión, las páginas inútiles, los escritos sobrantes–. El resto del tiempo, empleado en atender. Rastrear. Rastreo de señales. No con la intención (sería perjudicial) sino con la disposición.