Las cosas que están dentro de la casa no han cambiado desde que me fui. Se pueden ver los retratos de los abuelos en la pared que está detrás de Felisberto, las velas gastadas sobre la mesa, la alfombra persa, la vajilla china empolvada en la vitrina del rincón, arriba las botellas de sulfato, tartrato, bicarbonato, botellas de un blanco como el de los huesos y con olor a cuarto de boticario; el bargueño en la mesa de al lado, en cuyos cajones secretos mi madre guardaba flores secas para sus herbarios; incluso el mantel sobre la mesa es el mismo que usamos el último día en el que comimos todos juntos, lo único que bordó mi madre en toda su vida.
Todo está ahí, pero nada habla de nosotros, padre.
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