Libros como dádivas, ofrendas o puentes hacia otros y hacia zonas desconocidas de nosotros. Puentes también hacia lo sagrado, porque hay algo sagrado en la vinculación entre un escritor, su lengua y su sociedad. A un extremo y al otro de lo escrito y lo leído hay personas que se encuentran, y ese momento que ofrece la lectura es el puente en el que se encuentran subjetividades que pueden incluso, como bien sabemos,
ser de distintos siglos, de distintas culturas, de distintas lenguas.