A mi abuelo le gustaba mucho leer y escribía cartas y diarios con un gran sentido del humor. Podría haber sido escritor. Mejor hubiera sido escritor en vez de todos esos intentos
fracasados (siempre entusiastas, eso sí) de convertirse en restaurantero, maestro de computación y maquetero. Quizás se habría endeudado igual siendo escritor, pero creo que hubiera sido más feliz.