La última vez que estuve en Berlín, el barón Overath, un buen amigo de mi padre, me dijo: «¿Por qué nos hacen esto? ¿No ve que así no podemos seguir?» Y le aseguro que bien tentado me vi de decirle que todo era culpa de esos miserables franceses. Y me habría gustado hacerle ver que los ingleses no actuábamos así, pero claro, me imagino que esas cosas no se pueden hacer. No se puede hablar mal de nuestros queridos aliados.