, hice una foto. Cuando le di el visto bueno, se la envié a Candela junto a un escueto texto:
A partir de ahora solo yo decidiré en mi vida. Pero gracias. Sé que tu intención era buena.
Y qué guapos salíamos David y yo en la foto, sonriendo, sosteniendo nuestras copas y prometiéndonos las mejores vacaciones de nuestra vida.
Candela, cariño…, tú eres muy inteligente, pero a mí, ser la pequeña de tres hermanas me obligó a desarrollar cierta picaresca.