Probablemente, alguna influencia, alguna recomendación, había militado a favor de cada uno para promover la buena suerte de tan cómodo destino; pero de eso –claro está– nadie hablaba. Cumplían sus deberes, jugaban a la baraja, comentaban las noticias y rumores de guerra, y se quejaban, en verano del calor, y del frío en invierno. Bromas vulgares, siempre las mismas, eran el habitual desahogo de su alegría, de su malevolencia...