Al cabo de varios días, Margo había envuelto a la niña, había caminado hasta el centro de Greenland y allí había tomado un taxi hasta el Hospital Metodista Bronson de Kalamazoo, con el fin de obtener un certificado de nacimiento, el número de la Seguridad Social, las vacunas y las demás indignidades que la sociedad imponía a los seres humanos.