«Mierda, ya basta. Basta con que me des el respeto que merezco. Respeto. Basta con que, de vez en cuando, me pidas consejo. Basta con tan poco, todo lo que hace falta es que seas más humilde, más leal, más amable y que tus manos se conviertan en lianas y se envuelvan en el tronco para que mires hacia arriba a donde estoy yo, basta con que seas una verdadera mujer. Y seremos felices. Por los siglos de los siglos. Amén.»