Cierto es que conocemos íntimamente los orígenes de la opresión, pues se desarrolla en nuestras camas, mesas y calles; gritar con rabia es una etapa necesaria de nuestra evolución hacia la libertad, pero ¿tenemos que permanecer por siempre en esa área geográfica, eternamente atrapadas a la mitad de ese puente? Esta tierra de espinas es inhabitable.