Todas las enfermedades afectan el cuerpo y todas obligan, más que a creer en los doctores y en la medicina y en Dios, a creer en ti mismo y en que vas a estar bien.
Pero la c más importante es la de cambio. Nada en la vida pide más cambios que la enfermedad de alguien, la tuya o de otro. Cambias tu manera de dormir, de cuidarte, de llevarte con los demás, de vivir. Cambia tu manera de ver el mundo, de ver tu cuerpo, de entender las cosas. A lo mejor ya no puedes andar descalzo, o tienes que comer distinto, o hay lugares a los que no puedes ir y medicinas que tienes que tomar. En algo tienes que cambiar si no quieres volver a enfermar. Son cambios que en su momento no quieres, pero que con el tiempo resultan el gran aprendizaje de la vida. Porque esa c es la mayúscula de todas, la gran C, la que te da conciencia sobre la vida. Es la c que vale la pena, la que nos hace cambiar para ser mejores, para sanar, para crecer, para correr, para cotorrear, para chatear, para comer quesadillas (aunque se escriban con q, pero suenan como c).