es
Thomas Mann

Schopenhauer, Nietzsche, Freud

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Conocido sobre todo por su labor fabuladora, que dio obras de la importancia de «La montaña mágica», “Los Buddenbrook” o “La muerte en Venecia” entre otras, la celebridad de Thomas Mann (1875–1955), así como su indiscutible talla intelectual, llevaron a menudo a que fuera solicitado como ensayista y conferenciante. Schopenhauer, Nietzsche, Freud reúne cinco textos fruto de esta actividad, en los que, en palabras de Andrés Sánchez Pascual -traductor y presentador del volumen— Mann traza un balance muy personal de su trato con la obra de estas tres grandes figuras que influyeron de modo decisivo en su creación novelística. Reducidos normalmente en su extensión en cada una de las ocasiones en que fueron expuestos, los ensayos se ofrecen aquí en su versión íntegra.
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222 printed pages
Copyright owner
Bookwire
Original publication
2023
Publication year
2023
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Quotes

  • b7290150166has quoted3 years ago
    Esto ha de ser entendido de manera enteramente literal. Las «Ideas» de Platón se han vuelto en Schopenhauer voraces sin remedio, pues, como grados que son de las objetivaciones de la voluntad, se disputan unas a otras la materia, el espacio, el tiempo. El mundo vegetal tiene que servir de alimento al mundo animal; cada animal, a su vez, tiene que servir de presa y de alimento a otro animal; y de este modo la voluntad de vivir se devora sin descanso a sí misma. Finalmente el hombre considera que todo ha sido creado para su uso, mas, por su parte, muestra con la más espantosa claridad el horror de la lucha de todos contra todos, la autoescisión de la voluntad, según el dicho: homo homini lupus
  • b7290150166has quoted3 years ago
    Era una evaluación notablemente pesimista. Y, en efecto, cualquier manual enseña que Schopenhauer fue en primer lugar el filósofo de la voluntad, y en segundo lugar el filósofo del pesimismo. Pero aquí no hay primero ni segundo, sino que todo es uno y lo mismo; y Schopenhauer era lo segundo porque era lo primero y en la medida en que era lo primero; Schopenhauer era necesariamente pesimista porque era el filósofo y psicólogo de la voluntad. La voluntad, que es lo contrario de una satisfacción en reposo, es en sí misma algo fundamentalmente desdichado; es inquietud, es apetencia de algo, es ansia, es nostalgia, es avidez, es anhelo, es padecimiento. La voluntad que se objetiva en todos los entes expía en lo físico su placer metafísico, lo expía en un sentido muy literal de esta expresión: ese placer ella lo «expía» de la manera más horrible en el mundo y por el mundo que ella misma ha producido y que, por ser obra del apetito y de la pena, se revela como algo completamente atroz. Pues dado que la transformación de la voluntad en mundo, su mundificación, se realiza de acuerdo con el principium individuationis, se realiza mediante la disgregación de la voluntad en la multiplicidad, ocurre que la voluntad olvida su unidad originaria y se convierte en una voluntad enemistada millones de veces consigo misma, pese a ser, en todo ese despedazamiento, una; se convierte en una voluntad en conflicto consigo misma, que, desconociéndose, busca en cada una de sus manifestaciones fenoménicas el bienestar, el «lugar al sol», a costa de otras manifestaciones fenoménicas, más aún, a costa de todas las demás, y de esta forma clava constantemente los dientes en su propia carne, semejante a aquel habitante del Tártaro que con avidez devoraba su propia carne.
  • b7290150166has quoted3 years ago
    existe tan sólo para justificarla, para proporcionarle motivos «morales» y, dicho con brevedad, para racionalizar nuestros instintos

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