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María Bastarós

No era a esto a lo que veníamos

  • Marcia Ramoshas quoted4 months ago
    El dolor de tetas es un dolor nuevo y la niña intuye, con un instinto tan recién nacido como ese par de bultos, que pronto su cuerpo descubrirá dolores nuevos, que toda su anatomía se dirige imparable hacia aflicciones desconocida
  • Marcia Ramoshas quoted5 months ago
    sorprende que el líquido rojo no gotee, así que arrastra los brazos por el borde la bañera, dejando una mancha rosada que la decepcion
  • Marcia Ramoshas quoted5 months ago
    nunca llego a llorar, no soy de lágrima fácil, pero sí me refugio unos minutos en el aseo: me siento sobre la tapa de la cisterna y subo los pies a la taza, apoyo la cabeza en las rodillas y cierro los ojos, cuento hasta diez o hasta ciento veinte y regreso a mi puesto. Ahora llamo con los nudillos a la puerta tras la que intenta ocultarse el llanto.

    –¿Estás bien? –pregunto.
  • Marcia Ramoshas quoted6 months ago
    La infancia es el territorio de la incertidumbre. Al final se decide por una cucharadita de café, que oscurece durante un instante el zumo pero luego se va a pique, amo
  • Alicia M. Mareshas quoted2 years ago
    Se despiden sin besarse, con un abrazo que sabe a amistad antigua, pretendidamente eterna, sin saber que nunca volverán a verse.
  • Alicia M. Mareshas quoted2 years ago
    él le pide opinión sobre los encuadres de sus fotografías. A ella le parece que podría recibir una buena paga por ese tipo de imágenes, que desprenden cierta sabiduría, cierto conocimiento de lo salvaje, de lo primitivo, hasta del dolor. Oskar se pregunta si hay trazas de su pasado allí expuestas, impresas en gelatina de plata, accesibles a la mirada de los otros. Si ha sido capaz de transformar su experiencia en otra cosa, si esas fotografías constituyen una suerte de exorcismo.
  • Alicia M. Mareshas quoted2 years ago
    siente cómo la serpiente negra se repliega dentro de su estómago, cómo se enrosca hasta ocupar un hueco en el que, durante el día, pueda pasar desapercibida. Sabe que aprovecha las noches para campar a sus anchas y agitar sus sueños, para envenenar su sangre.
  • Alicia M. Mareshas quoted2 years ago
    La ve sola en la cafetería, siempre escondida tras su móvil para ocultar las lágrimas, aunque todo lo que consigue es iluminarlas con la luz de la pantalla, dotarlas de un brillo azulado de ciencia ficción.
  • Alicia M. Mareshas quoted2 years ago
    La chica se inclina y escucha el rugir de los animales salvajes, el aleteo de las mariposas, el correr del agua por los meandros y los saltos de río. Se seca las lágrimas y se gira: allí están sus compañeros, una masa informe encorvada sobre filas de ordenadores. Uno de ellos levanta la cabeza y la mira. Ella trata de buscar su reflejo en esos ojos, pero parecen muertos: dos canicas opacas color alquitrán.
  • Alicia M. Mareshas quoted2 years ago
    –Te acompaño –dice, y camina a su lado por el suelo seco, naranja como lo era cuando la niña huyó de su casa. Andan en silencio. La mañana les ha robado la voz y la eternidad y ahora la niña siente cierta prisa, cierta culpa que comienza a rumiarle en las tripas como si la culpa pudiera tener una boca llena de dientes.
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