Tres meses más tarde, después del divorcio exprés, nos casamos en el ayuntamiento. Yo llevaba un vestido tubo de seda azul marino y una estola blanca. Él llevaba un traje gris carbón con camisa blanca, y en lugar de un pañuelo doblado en el bolsillo, un trozo de papel italiano, hecho a mano, en el que había escrito «Te quiero» con letra de hormiga exactamente cien veces. En la suela de mis zapatos, mientras yo me moría de la risa, él había escrito: «Me quiere».