primera sería que, si existen ciertas diferencias genéticas en la síntesis de testosterona que resultan en distintos incrementos durante la adolescencia, estas pueden continuar fungiendo como explicación causal de la polarización de los roles sociales. En otras palabras, en promedio los varones tendrían una mayor concentración innata de testosterona y por eso se alejarían de las tareas de cuidado y se involucrarían en prácticas de competencia. Esto, a su vez, retroalimentaría el incremento en los niveles de testosterona. Esta lectura legitima la teoría O/A y la idea de complementariedad cerebral: una naturaleza masculina incompatible con las tareas de cuidado dada su inclinación a la competencia y la agresión, justificada por el rol de macho proveedor.